El gigante colonial que custodia el Caribe
Omoa.- Los primeros rayos del sol iluminan al amanecer las verduzcas murallas de piedra de la Fortaleza de San Fernando de Omoa, construida hace más de dos siglos y medio para hacerle frente a los piratas enemigos de la corona española que en el siglo XVIII pretendían saquear las ciudades y los barcos.
La Fortaleza permanece de pie como el principal símbolo de la arquitectura militar colonial en Honduras y se ha convertido, ahora, en un recorrido que no se pueden perder los visitantes de este turístico municipio atrapado entre la cordillera de El Merendón y el mar Caribe.
Esta imponente construcción fue levantada por la corona española en el siglo XVIII por el rey Fernando VI, con el propósito de proteger el puerto de Omoa, considerado uno de los puntos estratégicos para el comercio entre la Capitanía General de Guatemala y España. Por aquí transitaban cargamentos de oro, plata y otras mercancías de gran valor económico para los conquistadores.
La construcción de la Fortaleza comenzó en 1759 y concluyó en 1775. Actualmente es administrada como un patrimonio nacional por el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH).
Sus gruesos muros de piedra fueron diseñados para soportar el ataque de la artillería de la época. Cada uno de sus torres permitía vigilar el mar y responder con fuego de cañones cualquier amenaza.
Tras la independencia de Centroamérica, la fortaleza perdió su función defensiva y sus enormes bóvedas comenzaron a albergar a presos comunes y reclusos políticos. Durante varias décadas funcionó como prisión.
Una visita obligada
El ingreso a la fortaleza y al museo, tiene un costo de 60 lempiras para hondureños y 10 dólares para extranjeros. Recorrer sus pasillos de piedra, observar las antiguas oficinas militares y las mazmorras que aun conservan balas de cañón, transportan a los visitantes a la época colonial en segundos.
El IHAH han capacitado a guías turístios para dar información precisa histórica a los visitantes.
Recorrer hoy las antiguas celdas permite imaginar las difíciles condiciones de quienes permanecieron encerrados entre sus gruesos muros. Los pasillos de piedra, la escasa iluminación y la humedad conservan el ambiente de una época en la que el recinto dejó de defender un imperio para convertirse en un centro penitenciario.
En el museo y sobre los muros se encuentran cañones originales, balas, piezas arqueológicas, documentos históricos y objetos que cuentan la evolución del puerto y de la propia fortaleza, ahora rodeada de comercio, viviendas y restaurantes que ofrecen comidas típicas del Caribe hondureño.
Cada año recibe a miles de visitantes nacionales y extranjeros interesados en conocer su arquitectura, recorrer sus pasillos, caminar sobre las murallas y disfrutar de una vista privilegiada hacia el mar y la montaña de El Merendón.
Los guías turísticos le ponen sazón a la experiencia con relatos sobre antiguos combates, estrategias militares y leyendas populares que han pasado de generación en generación.
Para los historiadores, la fortaleza constituye un testimonio invaluable de la presencia española en Honduras y del papel que desempeñó el Caribe en el desarrollo económico de la región.
La Fortaleza de San Fernando de Omoa continúa desafiando al tiempo. Sus murallas, que alguna vez protegieron la corona y más tarde albergaron una prisión, hoy reciben a turistas, investigadores y estudiantes que encuentran entre sus piedras una parte esencial de la historia de Honduras.







