Julio Quezada lleva 13 años recorriendo 
y contando la historia de la Fortaleza

El 70% de los turistas locales no está interesado en cononcer la historia, solo quiere la foto del recuerdo, señala

Omoa.- Con más de dos siglos y medio de historia sobre sus paredes de piedra, la Fortaleza de San Fernando de Omoa guarda infinitos secretos. Sin embargo, para revivirlos y entender su verdadero valor, se necesita la voz de apasionados guías locales como Julio Quezada, nativo del municipio, quien lleva más de 13 años compartiendo el legado cultural de este emblemático monumento.

Nació y creció en Omoa y su fascinación por la historia comenzó de forma espontánea, indagando por cuenta propia sobre las leyendas y la arquitectura del fuerte del cual era vecino desde la niñez. Con el tiempo, esa curiosidad se convirtió en su vocación y en el sustento principal para su familia y sus tres hijos. Gracias a capacitaciones del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) ha profesionalizado un oficio que hoy domina tanto en español como en inglés.

Secretos de la época colonial
Para Julio, cada rincón de la fortaleza tiene su encanto, las cocinas, los dormitorios de oficiales, la capitanía de armas, pero hay un lugar que nunca deja de asombrar a los visitantes: la capilla. "El sonido que genera la capilla es algo impresionante. Para la época, podríamos decir que era lo último en tecnología, sin tener electricidad ni parlantes", explica Julio, destacando cómo el diseño colonial logró efectos acústicos únicos y diferenciados entre los distintos espacios del recinto.

Por más de una década ha guiado a viajeros provenientes de países como Francia, España, Alemania, Estados Unidos y Canadá, además de numerosos turistas latinoamericanos.

Valorar la historia propia: una reflexión necesaria
Julio Quezada, luego de tantos años atendiendo a turistas nacionales y extranjeros, llega a la conclusión que la mayoría de turistas locales llegan por las fotografías para sus redes sociales.

"De un 100% de los turistas nacionales que nos visitan, cerca del 70% viene buscando principalmente la foto del recuerdo, y solo un 30% se detiene a escuchar la historia. En cambio, la mayoría de los extranjeros busca profundizar en el pasado del lugar. Es algo contradictorio, porque a quienes más nos debería interesar conocer nuestra historia es a nosotros mismos, los hondureños.", reflexiona.

Como guías independientes, Julio y sus tres compañeros no reciben un salario gubernamental, por lo que dependen del aporte voluntario de los turistas que deciden contratar sus recorridos de aproximadamente una hora. En su recorrido también incluye el inicio de la época republicana y cuando la fortaleza paso a ser una prisión para reos comunes y presos políticos de aquel entonces.

Lazos que trascienden fronteras
A pesar de los altibajos propios de las temporadas turísticas, la satisfacción más grande para Julio Quezada son las amistades y conexiones humanas que nacen durante el recorrido. A lo largo de los años, ha cosechado clientes frecuentes y amigos en el extranjero que recuerdan con aprecio su trato cercano y siguen en contacto con él desde la distancia.
Para Julio, guiar no es solo un trabajo; es la oportunidad diaria de enorgullecerse de sus raíces y mantener viva la memoria histórica de Omoa para las futuras generaciones.