Don Julito es el primero y el último en recibir y despedir a los turistas en la Fortaleza

Omoa.- Bajo el sol radiante de Omoa hay un personaje entrañable en la Fortaleza de San Fernando. Don Julito, como lo conocen muchos, es el primero en recibir a los visitantes y el último en despedirlos en el estacionamiento.
Don Julito", un hombre de 75 años cuya vida es testimonio de trabajo honrado, resiliencia y una fe que no se apaga, se encarga de dirigir los vehículos en el estacionamiento a cambio de una propina que no siempre llega, pero igual despide a los turistas con la misma amabilidad.
Nacido en el barrio El Benque y criado en la comunidad de Río Indio, don Julito ha dedicado la mayor parte de sus años a la tierra. Durante décadas trabajó como agricultor en la zona, sembrando maíz, arroz, frijoles y hortalizas para sacar adelante a su familia. En sus años mozos también tuvo empleos temporales en la misma Fortaleza, aunque la oportunidad de conseguir una plaza permanente nunca llegó.
Hoy, a sus 75 años, el mercado laboral le ha cerrado las puertas. Sin embargo, lejos de rendirse, don Julito encontró a las afueras de la Fortaleza un espacio donde seguir ganándose el sustento con dignidad: cuidando los vehículos de los turistas que llegan a visitar el monumento.
"Ya a mi edad a uno no le dan empleo. Por eso me dieron la oportunidad de estar acá cuidando los carros. Yo no tengo un sueldo; vivo de la voluntad y la propinita que los turistas me quieran dar. No todos colaboran, pero Dios siempre bendice y provee para el fresquito y los frijolitos", relata don Julito que luce un chaleco color naranja con cintas reflectivas.
La historia de don Julito refleja una realidad común para muchos adultos mayores en comunidades turísticas. A pesar de que Omoa es un municipio lleno de visitantes, especialmente durante los fines de semana,, faltan oportunidades de empleo formal o programas de apoyo continuo para las personas de la tercera edad.
Acompañado en el hogar por su esposa y con la satisfacción de haber criado a sus tres hijos varones, don Julito sigue acudiendo fielmente de lunes a domingo a su puesto de trabajo.
Un llamado a la empatía del visitante
Cuando visite la Fortaleza de San Fernando de Omoa, tómese un momento para saludar a don Julito. Detrás de sus 75 años hay una vida entera de trabajo en el campo y un esfuerzo diario por mantenerse de pie sin pedir nada regalado, solo una oportunidad para servir.
Una aportación voluntaria al estacionar su vehículo no solo garantiza la seguridad de su transporte, sino que se convierte en la bendición directa para el hogar de un hombre humilde y profundamente creyente en que, a pesar de las dificultades, "la bendición siempre llega".